La
pregunta que nos aborda es: ¿qué pasa?. Por supuesto, ya comienza a torturarte
la incerdtidumbre.
Al llegar al andén encuentras un millón de personas a lo
largo de él, sus miradas son agresivas, de molestias, sus movimientos denotan
desespero, se escucha el llanto repetitivo de un pobre bebé quien no atina a
darse cuenta de manera conciente del problema y solo apela a lo que la
naturaleza le da para su defensa que es el llanto. Una mamá preocupada y molesta
por las miradas agresivas que muchos de los brutos que estamos a su alrededor le
lanzamos como diciéndole: "chica calla a ese bebé".
Sigue el llanto del bebé que
pasa a segundo plano cuando se escucha la voz de un intrépido joven: "aquí te
traigo la sabrosa galleta...bla bla bla", "compra, compra", luego pasa otro
ofreciendote cualquier cosa desde yesqueros, palitos para los oídos, donas,
etc., etc. ya van diez minutos dentro del andén y una especie de síndrome de
Estocolmo comienza a apoderarse de ti, ya eres comprensivo y benevolente con el
mal servicio del sistema metro de Caracas.
Después de veinte minutos o quizás
media hora aparece un tren, va pasando y usted observa que dentro de ese tren no
cabe ni un alma más, ah!, pero es la estación de Capitolio donde se bajan muchas
personas. Va pasando el tren y como tropas a la batalla, los ciudadanos que
estamos en el andén nos vamos posicionando para entrar, ojalá fuéramos como los
ciudadanos en Buenos Aíres Argentina la patria del gran Prócer suramericano San
Martín.
Cuando estuve por allá, observé que en el andén también habían millones
de ciudadanos, pero, éstos, con una conciencia(ojalá pudiéramos importar la
conciencia Argentina a Venezuela) ejemplar abrían paso a los ciudadanos
salientes, para luego en perfecto orden y de acuerdo a su lugar en la fila o
cola, usted iba entrando al tren. Pero no estamos en Argentina sino en
Venezuela, la patria de nuestro gran prócer y Libertador Simón Bolívar que si
llegara a despertar lloraría muchas lágrimas al ver el tipo de ciudadano en que
nos hemos convertido los venezolanos.
Lo peor aún no ha llegado, el tren abre
sus puertas y se establece un feroz combate entre los que salen y los
inconcientes que queremos entrar primero, en ese combate ocurren muchos eventos
extraños, como por ejemplo: varios individuos simulan que están en el combate y
lo que están haciendo es asaltar a algún ciudadano seleccionado previamente y le
quitan hasta el nombre, diría yo. Luego, si usted logra entrar después del
combate, quedará inmovilizado, tendrá quizás una teta apuntando a su boca, unas
piernas cruzadas con las suyas, pero, es tal el grado de inmovilización que usted
tiene, que le cuesta averiguar si esa piernas que están muy estrechamente
cruzadas con las suyas son de un varón o de una hembra, claro, como varón me
gustaría que fueran las piernas de una hembra, pero, para mi desgracia son las
de otro varón, ¡huy que raya! como decimos aqui en Venezuela, y no puedes
moverte.Si volteas a tu derecha, tendrás a otro varón que casi te besa, y si
volteas a tu izquierda tendrás frente a tu nariz "un sobaco"(axilas) con un olor
no muy agradable, el problema es: que no puedes huir a otro sitio, estás
completamente inmobilizado.
Todo lo narrado quizás es soportable dirían algunos,
pero, el problema radica en que el tren no tiene aíre acondicionado, y además,
con mucha frecuencia tiene interrupciones del servicio y se detiene en el
subterraneo entre dos estaciones sin aíre acondicionado y a veces por 15
minutos, la temperatura comienza a subir, la masa humana totalmente en
desventaja comienza también a moverse, a protestar, a maldecir, se desmayan
varias personas, activan los timbres de alarmas, el conductor indica por los
parlantes que "pronto iniciaran el movimiento", las pesonas maldicen, protestan,
gritan, y aquello se convierte en un "Aquelarre social"y solamente me quedó
respirar profundo y comenzar a orar a mi Padre Celestial Jehová Dios y pedirle
paciencia, mucha paciencia para no desfallecer ante tanta decidia operativa del
metro de Caracas, tanto desagrado, rabia e impotencia de la gente, oraba para no
entrar en desesperanza como la mayoría de los compañeros que me rodeaban.
Recordé ese gran texto bíblico en la seguna carta de Timoteo Capítulo 3
versiculos: 1 al 7 que dice: " Más sabe esto, que en los últimos días, se
presentarán tiempos críticos difíciles de manejar porque los hombres serán
amadores de si mismos, amadores del dinero, presumidos, altivos,
blasfemos, desobedientes a los padres, desagradecidos, desleales,, sin tener
cariño natural, no dispuestos a ningún acuerdo, calumniadores, sin autodominio,,
feroces, sin amor del bien,, traicioneros, testaruros, hinchados de
orgullo, amadores de placeres más bien que amadores de Dios...y de estos apártate.
Eso efectivamente es lo que vi y sigo viendo cada tarde en el sistema metro de
Caracas. Cuando nos apartamos de Dios, vienen estas cosas, en otros lados pueden
estar ocurriendo cosas que lo nuestro pueda parecer pequeñito, por ejemplo en
Palestina, o en los países africanos como Libia y otros, que sus ciudadanos
muchas veces prefieren perecer en el mar que seguir aguantando hambre y miseria,
producto del asalto que les han hecho las grandes potencias del mundo.
Por estas
cosas es que creo en el reino de Dios y que llegará un redentor (que ya llegó)
llamado Jesús Cristo quien se sacrificó por nosotros para todo aquel que crea en
él y haga su voluntad, pueda tener en espectativa, la vida eterna aquí en la
tierra y algunos si lo desean vehementemente vivir como espíritu en el cielo. DIOS
BENDITO NOS PROTEJA Y NOS DE SABIDURÍA PARA SEGUIR SU PALABRA LA BIBLIA.
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